¿Alguna vez has observado detenidamente a un niño mientras juega? Seguramente sí. Pues bien, cuando un pequeño se entrega a la actividad lúdica en cuerpo y alma, el tiempo vuela. Fluye y se hace eterno y efímero a la vez. Ello se debe a está involucrado 100% en esa tarea o actividad. El mindfulness para niños puede hacer mucho para que nuestros hijos o alumnos no pierdan esa capacidad de conexión con el aquí y ahora. Simplemente porque vivir en el tiempo presente (ni en el pasado ni en el futuro) aporta un mayor bienestar.

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¿Qué es el mindfulness para niños?

El mindfulness, conocido también como atención plena consciencia plena, es una práctica para ejercitar la mente y poder disfrutar de vivir el momento. El objetivo de esta práctica es conseguir que prestemos más atención a lo que ocurre a nuestro y que sepamos gestionarlo adecuadamente.

Esta actividad no tiene nada que ver con la «mente en blanco», un estado de consciencia imposible de alcanzar. Está asociada a un modo de aceptar los pensamientos, positivos y los que no lo son tanto, y decidir de forma consciente en qué queremos centrarnos. Los niños están acostumbrados a ello: juegan con su muñeco y se olvidan del mundo o miran una película y parecen inmersos en aquello que ocurre en la pantalla… No obstante, el estrés de los adultos que los rodean a veces los lleva a perder su esencia. Es así como muchos viven apurados sin hacer foco en aquello que hacen, piensan o sienten.

Mindfulnesses, en definitiva, un modo de estar en el mundo. Estar aquí y ahora ayuda a enfocar la atención en una experiencia presente. Contribuye, entre otras cosas, a que las emociones estén en eje con el cuerpo. Eso sí: para ello es preciso escuchar las señales corporales y sacar el máximo provecho a la información que proporcionan los cinco sentidos. Y esto también se puede aplicar en los más pequeños incorporando actividades de mindfulness para niños.

¿Qué puede hacer la atención plena por los pequeños?

El mindfulness para niños aporta múltiples beneficios a la salud física y emocional de los peques. En principio, es un entrenamiento mental que les permite mejorar su manera de aprender. Esto es posible, ya que aumenta su capacidad de concentrarse en lo importante, de memorizar y de prestar atención a los detalles.

La meditación aporta, asimismo, los mismos efectos terapéuticos que rezar y convierte a los niños en seres mucho más empáticos. Asimismo, también serán más capaces de tolerar la frustración y aceptar la realidad tal cual es. A nivel emocional, aumenta su autoestima y mejora su autoconcepto. Como si fuese esto poco, fortalece el sistema inmunológico y los convierte en menos vulnerables ante virus, bacterias y enfermedades oportunistas. Como ves, son muchos los beneficios del mindfulness en la infancia. Pero, ¿cómo podemos aplicarlo en su día a día? ¡Sigue leyendo!

Mindfulness en centros educativos

Aplicar un programa de mindfulness para niños aporta múltiples beneficios. De hecho, según se ha comprobado en varias investigaciones, la meditación puede resultar muy útil en la mejora de alteraciones como el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención). Un trastorno que afecta entre el 2% y el 5% de la población infantil.

En el ámbito educativo, se ha observado que el mindfulness puede mejorar el rendimiento académico y las relaciones entre los niños. Además, contribuye a reducir las conductas agresivas y violentas que se dan en la etapa infantil.

A nivel nacional, son conocidos varios programas de mindulness que se aplican en el aula en la actualidad. Uno de ellos es el Programa Aulas Felices, en que se trabaja la atención plena para potenciar el desarrollo emocional. Otro es el Programa de Entrenamiento de la Inteligencia Emocional Plena (PINEP), que utiliza la meditación en los niños para trabajar valores como la empatía, la atención y la concentración en la infancia y adolescencia. Por otra parte, también está el programa TREVA (Técnicas de relajación Vivencial Aplicadas al Aula). Este potencia la sensación de paz y calma en los alumnos, a la vez que promueve el buen ambiente en el aula, lo cual también incrementa su rendimiento académico.

Ejemplos de actividades mindfulness para niños

Existe una infinidad de técnicas para acercar a los pequeños a la práctica de la atención plena. Estas son solo algunas de las propuestas que te damos para aplicar el mindfulness para niños en la cotidianidad.

Saborear la comida

Por lo general, peques y adultos comen demasiado rápido; casi mecánicamente. Mastican, tragan y pasan a otro plato o a otra cosa. Si se logra incorporar a la mesa familiar la buena costumbre de degustar los alimentos, ello contribuirá a vivir momento a momento. El hecho de jugar a descubrir los ingredientes o dedicar más tiempo a la masticación, también ayuda a estar presente en el momento de almorzar o cenar. Y no con la cabeza en otro sitio.

Respirar, solo respirar

En momentos de nerviosismo, enseña a tus niños a prestar atención a su respiración. Sí, tan simple como eso. Antes de un examen, en la sala de espera de la consulta del dentista o camino al hospital, haz que conecte con su respiración. «Inspirar, exhalar»… Así, varias veces. Ello hará que disminuyan las tensiones y la ansiedad y le permitirá vivir plenamente las situaciones que lo estresan.

El juego del silencio

Para determinados momentos del día, tras alguna actividad movida o excitante (cantar, bailar, jugar en el parque o nadar en la piscina). Consiste en observar un reloj de arena y permanecer en silencio durante un minuto o un minuto y medio. Es un modo de hacer una pausa. Hacer silencio es el reto. ¡Y los niños aman los desafíos!

Contactar con la naturaleza

Abrazar a un árbol, oler la tierra después de una tormenta o caminar descalzo sobre la hierba. Estos resultan modos efectivos de conectarse con el momento presente y disfrutar de los pequeños detalles de la vida. De eso trata el mindfulness.

Ejercicios de la calma

Otra propuesta de ejercicio de mindfulness para niños es enseñarles a gestionar sus emociones. Un modo de iniciarlos en este hábito saludable es ayudarles a darse cuenta cuándo están ansiosos, cuándo enojados y cuándo nerviosos, por ejemplo. Es decir, a discernir entre las distintas emociones que los habitan. Y para esos momentos en los que las emociones los agobian, brindarles herramientas. Sentarse o tumbarse con las manos enfrentadas unidas por las puntas de los dedos es un ejercicio que atrae la tranquilidad.

Iniciarles en la meditación

Después de almorzar o antes de irse a dormir, pide a tus pequeños que se sienten con las piernas cruzadas, la espalda derecha y las manos sobre las rodillas. Ameniza el momento con música especial para meditar o hacer yoga. Guía sus pensamientos a través de una visualización (a modo de «piensa que te encuentras caminando en medio de un bosque…»). Es una forma de habituar su cerebro a la práctica de la consciencia plena. Verás cómo esos 5 o 10 minutos de calma y conexión se traducirán en momentos de armonía posteriores y, seguramente, en un buen hábito.

 

El mindfulness para niños ayuda a disfrutar el presente y enfocar su atención en las cosas que hacen aquí y ahora. A jugar cuando hay que jugar, a estarse quieto cuando es preciso y a descansar cuando es la hora de hacerlo. Esto que parece obvio no lo es en un mundo que anda a toda velocidad. En este sentido, la práctica de la atención plena puede hacer mucho por las futuras generaciones.

 

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