“No le hagas caso cuando le pille el berrinche”, “déjalo solo un rato, así aprenderá”, “Tiene que aprender a estar sin ti”. Si eres mamá o papá y tienes un peque entre 2 y 3 años te sonarán estos consejos. Sí, son consejos que todas tenemos que escuchar en la época de mamitis de nuestros hijos.

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La mamitis, ¿qué es?

Pocas mamás o papás quedarán ya que no sepan qué es la mamitis. Y sí, aunque en este post nos refiramos a mamitis, implícitamente también incluimos a los peques con papitis.

Lo más probable es que hayáis escuchado una definición muy peyorativa de la mamitis. Que si es signo de niño mimado, con incapacidades, poca autonomía y demasiado apego. Pero hoy vamos a romper una lanza a favor de este concepto.

Pues bien, tener ‘mamitis’ es completamente normal. E incluso es necesaria. Aquí va una explicación de todo ello.

El apego a mamá o papá

Cuando nacen, los bebés necesitan una etapa de vinculación total a sus papás. Y ellos se lo ofrecen sin rechistar. Es uno de los momentos más bonitos de la maternidad. Acercarse a ellos y sentir que le damos la protección y cuidados que necesita.

Aun así, cuando han pasado unos años, toda mamá sabrá que necesita tomar un poco de aire. Y no os penséis que eso es malo, es completamente normal. Dedicarse única y exclusivamente a cuidar al bebé puede resultar agobiante y más viendo que empieza a crecer y a caminar solito.

Pues con este desarrollo es cuando se genera lo que coloquialmente se denomina ‘mamitis’. Y no es nada más que la ansiedad que siente el niño durante esta etapa de separación de la persona que le ha cuidado y dado seguridad durante toda su vida.

¿Cuándo aparece la mamitis?

La aparición del apego del niño pasa por diferentes etapas. Normalmente, esta actitud se incrementa cuando el niño siente inseguridad por descubrir el mundo que le rodea solo. Suele ser a partir del primer año de vida del pequeño, sobre los nueve o diez meses.

Ya cuando el niño tiene unos cuatro o cinco años pueden pasar la famosa fase conocida como complejo de Edipo, en que los niños solo quieren estar con la madre o el padre (papitis) y hacer todo con ellos.

Comportamientos normales en la mamitis

¿Sabes cuándo la mamitis está dentro de la «normalidad»? Presta atención a los siguientes casos:

1.- Angustia cuando está sin mamá

Los primeros meses de separación pueden generar reacciones de angustia en los más pequeños. Es completamente normal que, en su época de desapego, el peque muestre desconcierto cuando no está esa persona de referencia.

2.- Llora o está triste

Los cambios de humor y una disminución de su alegría es, generalmente, usual. Hay que estar al caso de que el cambio no sea muy brusco. Si notamos que su actitud es completamente inusual por su manera de ser, nos podríamos plantear acudir a un especialista.

3.- Inseguridades y dudas

Hasta ahora, el niño tenía el apoyo constante de su mamá. Esto sí, esto no, así mejor… Ahora el peque tendrá que aprender a desenvolverse él solo. Es completamente normal que surjan momentos de inseguridad y dudas. Todos los hemos pasado.

4.- Gestión de las emociones

Aquí viene el momento que más preocupa a los papis que pasan por este proceso. ¿Por qué llora tanto en la guarde? ¡Nunca había tenido estos berrinches! Es normal, tranquilos. El vínculo emotivo con su mamá se ha gestado desde el embarazo. Aprender a reaccionar es su trabajo, poco a poco sus relaciones y emociones externas mejorarán.

Exceso de mamitis, cuándo ya no es normal

Aun así, como ya hemos dejado entrever anteriormente, hay situaciones en las que la mamitis deja de ser normal. En estas ocasiones que expondremos, si vemos que no mejoran con el tiempo o que sus comportamientos empeoran, lo aconsejable sería acudir a un terapeuta o psicólogo infantil.

No puede disfrutar de otras personas

El niño lo pasa mal cuando está rodeado de personas que no son su madre. No está a gusto ni con su papá ni con sus abuelos. El problema es que el peque no aprovecha las oportunidades de enriquecer sus capacidades y experiencia con las relaciones sociales.

Estos contactos con personas de fuera de su entorno más cercano son muy importantes. Gracias a ellos, los niños desarrollan sus aspectos cognitivo y emocional.

Sufre en situaciones cotidianas

Ya hemos comentado que es normal que en caso de separaciones no cotidianas, los niños sufran. Es decir, que se muestre triste cuando le dejes en la guarde y te vayas al trabajo es completamente usual. Lo que no sería tan usual y debería preocuparnos es que su desespero llegue a acciones cotidianas y de la vida familiar.

Por ejemplo, si el peque llora porque vas a darte una ducha o porque tienes que dejar de prestarle atención porque tiene un hermanito. En estas ocasiones, sería recomendable buscar la ayuda o apoyo de expertos.

Cómo acompañarles durante esta etapa

Una de las mejores opciones para ayudar a nuestro pequeño a superar esta etapa es a partir de los juegos y actividades. Aunque él tenga la sensación de que son actos cotidianos, se les puede aplicar pequeñas variaciones. Por ejemplo, acostúmbrale a jugar con otros miembros de la familia. Seguramente ya lo hagas, pero en esta ocasión, lo que es interesante es que poco a poco cedas el relevo. Es decir, si antes solías llevar tu las riendas de ese juego en concreto, intenta cederlo. Juega con él pero no asumas el rol de protagonista.

También puedes localizar actividades que le gusten y le entretengan. De esta manera, cuando tengas que empezar a ausentarte de su lado, sustituye tu presencia por estas actividades. El niño estará más entretenido e irá dejando de prestarle tanta atención al hecho de si estás o no.

También te damos estos consejos para intentar solucionar el exceso de apego del niño:

  • Sobre todo, sé paciente. Es importante que el niño no percibe tu enfado ni ninguna expresión que le pueda incomodar o provocar el efecto contrario. Esto contribuirá a su inseguridad y hará que se incremente su dependencia.
  • Propicia situaciones que fomenten su independencia, eso así poco a poco.
    Cuando le dejes con alguien, es bueno que le conozca y le transmita confianza y también debes tener en cuenta el ambiente, que no sea un espacio donde se sienta demasiado extraño.
  • Ve dejándole su espacio y alejándote del niño de forma gradual. Así, irá adquiriendo más confianza en sí mismo y se sentirá más seguro. La independencia en la infancia y adolescencia es fruto de la seguridad que se va ganando. Eso sí, todo a su debido tiempo, debes tener paciencia.