Probablemente hayas escuchado hablar del eneagrama. O tal vez en el pasado alguien te haya preguntado qué tipo de personalidad tiene tu hijo o alumno. Incluso puede que te resulte familiar el concepto del sufismo. Para que tengas claro qué relación hay entre todo esto, ¡no te pierdas este post!. Tu vínculo con los niños se enriquecerá y cambiará por completo. Si quieres adquirir un mayor conocimiento en este tema puedes estudiar psicología infantil y formarte en es esta disciplina.

¿Qué es el eneagrama?

El eneagrama surge de una corriente de pensamiento antigua llamada sufismo. Es una categorización de 9 personalidades o eneatipos divididos en tres grupos de tres. Cada cual reacciona de acuerdo con aquello que predomina y condiciona su conducta: cerebro, corazón y tubo digestivo. Así se revelan las motivaciones que hay detrás de cada acto y el modo en el que alguien enfrenta la vida (actitud). Es una herramienta que también se emplea para conocer a los niños y acercarnos a ellos como es requerido.

¿Por qué utilizar el eneagrama?

Cada eneatipo reacciona a las circunstancias de un modo singular. Por ello, conocer el tipo de personalidad de un niño ayuda a acompañarlo de forma adecuada en su crecimiento y en su proceso de maduración. Como adultos, este sistema sirve para saber cuándo intervenir si el pequeño lo necesita y cuándo mantenerse al margen si puede enfrentar de forma autónoma los desafíos cotidianos.

Este sistema se utiliza, en efecto, para brindar un apoyo coherente a la infancia, de acuerdo con las necesidades específicas de cada individuo. Porque cada peque es único e irrepetible. La manera de guiarlo como padre, madre o docente deberá ser a su medida (no se cría igual a un hijo que a otro, por ejemplo). Para ello resulta indispensable conocer las distintas alternativas que presenta el eneagrama.

Los 9 tipos de personalidad

Pasamos a profundizar en los 9 tipos de personalidad del eneagrama. A continuación, te mostramos los detalles más importantes de cada uno de ellos, centrándonos en la primera infancia.

1. Perfeccionista o quien pretende ser perfecto

Quiere ser correcto. A ser posible, el mejor hijo o el mejor de su clase. Se esfuerza mucho para destacar y mantener satisfecho a su entorno. Ello lo lleva a ser autoexigente y muy crítico consigo mismo. Su mayor reto es la autoaceptación y la tolerancia a la frustración (porque nadie logra ser perfecto). Hay que ayudarle a convivir con sus pares.

2. Auxiliador

Es colaborador y solidario con quien más lo necesita. Está volcado cien por cien en ayudar a los demás. Se preocupa y ocupa de las necesidades ajenas debido a que sentirse demandado lo fortalece. Su desafío en la vida es el autocuidado y el reconocimiento de sus propias necesidades. Debe aprender a pedir ayuda y a decir no (poner límites).

3. Ganador o triunfador

Competitivo y asertivo, está orientado al éxito. Siempre tiene una propuesta o una idea brillante y sabe cómo llevarla a cabo. Su talón de Aquiles es que la competencia y su sed de más lo lleven a sentir que nunca alcanza sus propias expectativas. En lo profundo de su ser, lo que busca es la aprobación de los demás. Sería bueno ayudarlo a escuchar a otros y tener en cuenta otras opiniones.

4. Romántico o introspectivo

Disfruta luciendo vestidos de princesa o llevando la delantera respecto de sus pares. Se siente, evidentemente, vulnerable y por ello puede llegar a mostrarse caprichoso o reservado. Su aprendizaje en la vida consiste en transformar introspección en inspiración. Debe, además, aprender a manejar sus emociones y a gestionarlas positivamente.

5. Observador o investigador

Curioso e interesado por los pequeños detalles de la vida. Ve lo que otros no ven. Su poder de observación es su mayor don, aunque le cuesta mucho concretar (pasar a la acción). Es preciso ayudarlo a que, no por excéntrico, se crea más que los demás (por lo general ello lo lleva a aislarse). Es decir, hay que acompañarlo en su crecimiento para que poco a poco sea más empático.

6. Interrogador o inseguro

Suele cuestionar las ideas y acciones de los demás. Tiene lógica: fomentar la inseguridad en otros es su estrategia para ocultar su propia inseguridad. Por ello es indeciso. Pone mucho empeño en lo que hace hasta el punto de estresarse. Hay que guiarlo para que gane seguridad en sí mismo y así inspire confianza en los demás. Asimismo, debe aprender a controlar la ansiedad.

7. Entusiasta o aventurero

Intenso y arriesgado (a veces provocador), busca la novedad y el movimiento a toda hora. Es espontáneo y siempre está haciendo cosas. En su lado B esconde a una personalidad temerosa del vacío existencial, la vulnerabilidad y el sufrimiento. Hay que enseñarle que ello es parte de la vida y que es capaz de atravesar la adversidad. Es preciso que aprenda a reconocer sus límites y a no desafiarlos.

8. Controlador o desafiador

Pretende tener siempre el control, quizá porque teme perderlo. Lo desestabiliza el cambio, que es permanente en esta vida. Su coraza defensiva se desestructura (literalmente, se desarma) si algo se sale de lo previsto. Su mayor desafío en los primeros años es aceptar que nada es permanente y que todo se transforma. También es necesario que el niño o niña del eneatipo ocho aprenda a manejar su nivel de agresividad.

9. Pacificador o evasor de conflictos

Como no sabe lidiar con el rechazo o cuestionamiento de su entorno, procura tener a todos contentos. Esto es imposible, pero no obstante, hace todo lo que puede por eludir los conflictos. Por ello es buen mediador, aunque corre el riesgo de convertirse en abogado del diablo. No define su posición, justamente porque teme provocar el enojo en algún ser significativo para él o ella. Es importante que logre, en sus primeros años, establecer prioridades y dejar de ver el bosque por enfocarse en un árbol.

Ahora que conoces de qué va el eneagrama y para qué sirve, incorpóralo a tu rutina diaria para comprender mejor el carácter de los peques que te rodean, así podrás comprender mejor su conducta y ayudarles a desarrollar sus aptitudes y habilidades.

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